sábado, 15 de diciembre de 2018
lunes, 10 de diciembre de 2018
REMINISCENCIAS DEL 10 DE DICIEMBRE
Por Ilich F. Cuéllar
*Ningún aficionado del Monterrey respondió a la invitación de colaborar con esta pequeña antología.
Monterrey, el faro del norte. Una ciudad con empuje, mucho jale y poder económico. Monterrey y su carne asada y su cerveza. Su calor. Un universo difícil de explicar pero fácil de querer, con sus múltiples galaxias que son esos municipios conurbados.
La gente de San Nicolás vive y piensa diferente que la de Guadalupe, mientras que la de San Pedro se siente dueña de todo y todos. Apodaca y Escobedo en el límite los ven con dejo de fastidio, igual que Santa Catarina. Todos gente noble.
Pero hay algo que hermana y divide a todos: el futbol. Allí no hay América, Guadalajara, Cruz Azul y UNAM. Solo existen los Tigres y los Rayados y que los demás se vayan al garete. Desde el gobernador, hasta el más humilde obrero, pasando por el estudiante, el arzobispo y el empresario acaudalado, todos pierden la razón cuando ambas escuadras se enfrentan.
Hace un año, ambos tuvieron la ocurrencia de encontrarse en la final de finales del futbol nacional. Lo que pasó ese día, ningún habitante de este universo singular lo olvidará jamás, pues fue la culminación de una idiosincrasia, una costumbre, una forma de ver “El Juego del Hombre”.
Por eso, en Bajo el Signo del Esférico les compartimos un compendio de recuerdos y pensamientos a un año de esa fecha tan especial para una ciudad tan sui generis como Monterrey, por que como me dijo Jenni Treviño: este sentimiento no se ve pero se siente es algo que te recorre en las venas.
10 de diciembre de 2017. Una fecha marcada a fuego
Cura para el Cáncer
Orlando Maldonado
Es la 1:05 de la mañana y da la bienvenida un cielo estrellado con una luna impresionante, elementos naturales que regalan lindas postales, postales que quedan eternamente en la memoria por la conjunción de situaciones y cosas que generan alegrías y que a la postre erizan la piel.
Así tal cual fue la sensación de hace un año, mi hijo a punto de nacer y yo situado en una horda de aluminio, rodeado por puras almas que pregonan sentimientos de papel pero que se creen merecedores de la divinidad y de la gloria absoluta sin haber hecho lo necesario para obtenerlo.
Ese día, los 11 pelados de amarillo terminaron con todo, acabamos con sus tardes de gloria a las 5 de la tarde en el TEC; acabamos con los remates de cabeza de Milton Carlos; le dimos muerte la elegancia de Martelotto; deshicimos La Aplanadora; los Cuatreros decidieron marcharse por dignidad; Bahía hizo un aterrizaje forzoso con su "avioncito".
Su chileno decidió ya no estar más en la memoria de sus hinchas al ser rebasado por alguien de su misma nacionalidad pero salido de la U de Chile; Franco se volvió argentino, y Jonathan decidió no ser parte de la historia más oscura de su corazón.
La pecera que se tomaba en Félix U. Gómez optó por no dar más transportación a los "fieles" al ver semejante aBBVAndono y ser consciente de que a Pasarella de pronto se le cayeron cuatro dedos.
Es así como se dio fin a toda esa soberbia disfrazada de humildad y nostalgia que a la postre fue contagiada a generaciones que hoy no rinden frutos y que tienen a su club sumido en el momento más vergonzoso de su historia.
Carlos Canseco, Mario Castillejos padre y Alberto Santos de Hoyos han quedado en las anécdotas de San Nicolás como los creadores de un producto que hizo más feliz a los hinchas que más odiaron, que a los propios y de los cuales no se sienten dignos, orgullosos y mucho menos representados.
Bastó la imprudencia de un colombiano para sepultar todas las vivencias tanto en su vieja, como en su nueva casa.
Dichosos sean los ojos y el corazón que me permitieron presenciar semejante hazaña.
Hace unos días discutí desinteresadamente con un conocido del barrio, me dijo que esperaba algún reportaje, investigación o datos estadísticos alusivos a este día para beneficio de la sociedad, es por ello que hoy, desde acá, le presento a través de estas líneas, la cura contra el cáncer, el cáncer de la soberbia, el cáncer de la presunción, pero sobre todo, el cáncer de la obsesión por quererse creer algo que no son y dónde no han pertenecido.
Desde acá, el día en que acabamos con su historia. El que ni el Alzheimer les va ayudar a olvidar.
Cielo azul y amarillo
Hugo Charles
Hay situaciones en la vida en la cual uno no se da cuenta de la magnitud de lo que está pasando.
El 10/10/17 al finalizar el juego solo atinaba a dar las gracias a todos los que me felicitaban y abrazaban por el título, era como vivir en una fantasía, campeones otra vez, ante Monterrey, en su estadio.
Rodeados de rivales, en un estadio ajeno pero en una ciudad que también es nuestra, en plena capital rayada, dimos la vuelta al marcador y a la cancha.
Un vivo reflejo de mi último año de vida, ante un escenario nada agradable, un dribling digno de campeonato me mandó a la casi capital del futbol nacional, Guadalajara, rodeado de gente ajena y que considera a nuestra rivalidad como algo pequeño, pudimos darle la vuelta, estuvieron al pendiente del partido elogiando a las dos escuadras durante las últimas semanas.
Por segunda vez en 2017 me volví a sentir en Monterrey, fui feliz como lo he sido en muchas ocasiones, con un balón y rodeado de amigos, de forma virtual y de corazón pero rodeado al fin de cuentas.
El éxito había sido algo que por mucho tiempo no lo viví con mi equipo, que me parecía ajeno, algo que no iba con nosotros. La verdad, el éxito está al alcance de quienes lo trabajan, han sido más de 8 años en donde pudimos celebrar lo que nunca en casi 40 años de vida: cuatro campeonatos, una felicidad que rebasa a la ciudad y se contagia en el país, Tigres siendo campeón una y otra vez no es un sueño descabellado sino una realidad tan palpable como el cielo azul y el amarillo del sol.
No más...
Héctor Camero
La secuencia televisiva en la que el "Enano" Damián Álvarez llora de felicidad y carga el trofeo de la Liga Mx en el BBVA amerita una de esas introducciones de película en la que la imagen se congela y una voz en off expresa: "Hola, somos los Tigres y seguro te preguntarás cómo llegamos aquí".
Tomaría 2 cuartillas sintetizar el relato de un equipo históricamente mediocre, con sus escenas de drama, humor involuntario, sainetes y bufones involuntarios, para hacerle justicia debida, pero describir el capítulo cumbre de la rivalidad contra su eterno enemigo de ciudad tomará mucho menos.
Esa es la historia de una rivalidad en la que por muchos años, estaba ladeada solo a un equipo: el que ganaba campeonatos y el que alzaba los brazos en los juegos más importantes.
Durante años me pregunté cómo sería posible que mis adorados Tigres se quitaran la mancha de tantos maltratos y burlas del tan odiado rival. Lejos veía la posibilidad de que seis o siete veces seguidas, mi equipo lograra eliminarlos en Liguilla. Apenas 6 meses antes de la Final Regia, rezaba a Belcebú para que me concediera una.... ¡¡¡¡¡UNA....sólo una!!!!!
Y nos la dio en mediados de 2017, con un contundente 6-1 que alegró nuestros corazones, pero que para los vecinos, no era más que un "ya les tocaba".
A los pocos meses, la soberbia y fanfarronería de un amplio sector de los Rayados persistía, y esa hazaña felina parecía borrarse dentro de poco. La autoproclamada "Aplanadora" acabó el siguiente torneo como superlíder indiscutible, mejor delantera y mejor defensiva del torneo.
El vértigo de un duelo cumbre contra tu más odiado rival es una de las sensaciones más contrastantes que puede tener un fanático. Está la posibilidad de ganar, pero el nerviosismo te lleva a ver principalmente el abismo que te espera si llegas a perder.
Y ahí estamos todos, frente al televisor, incapaces de hacer nada más que alentar y tomarnos selfies. Aquí están tus buenas vibras, tu deseo de que los astros, el azar, el trabajo colectivo, el temple o el destino, se cargue por esta ocasión hacia tu lado.
Y ves a tu equipo comenzar perdiendo al minuto 1. Aún sin destapar la primera cerveza de la tarde, mi primo Juan Carlos, que viajó expresamente de San Antonio, Texas, para ver a sus Tigres, me voltea a ver y me dice: "no big deal". Aún faltaba mucho por escribirse.
Al sacar de nuevo desde medio campo, 0-1 abajo, esos Tigres perdedores que un día jugaron contra el Zacatepec en canchas de tierra; esos Tigres perdedores que no campeonaron en casi tres décadas; que corrieron a decenas de técnicos fraudulentos y a medio centenar de jugadores fantasmagóricos, recontextualizaron la famosa frase del boxeador Manos de Piedra Durán: NO MÁS.
"Hoy se acabará uno de los más grandes martirios de esta apasionada afición".
Y ahí están , tatuadas, la imagen de Edu Vargas corriendo hacia la esquina izquierda del BBVA callando a la afición Rayada. Ahí está Meza corriendo hacia la esquina derecha con los brazos en alto, agradeciendo al cielo, tras anotar el 1-2.
Lo demás, son trazos difusos, pero intensos, en los que aparecemos mis primos abrazándonos y llorando de felicidad frente al asador. El lugar indicado en el momento indicado.
La afición albiazul de boca grande; de los mantras, que un día comparó la sequía campeona de Tigres con la vista del cometa Hailey, que decía haberlo "ganado todo", que decía que teníamos miedo y que estaban todos ellos "juntitos", que cerró las puertas al seguidor rival, como fascista de caricatura, vio desmoronarse, frente a sus ojos, la última torre de naipes que les quedaba en pie.
La trama, como cientos de miles de bocas, finalmente se cerró. El boomerang regresó a su dueño.
¿Karma? ¿justicia? ¿destino? Nos preguntábamos en una cochera a las 4 de la mañana mis grandes amigos Tigres, Jaime y Carlitos "El Ciego", acabándonos las últimas cervezas de la hielera y esperando que arribara el periódico para confirmar que lo ocurrido en las últimas 10 horas era real.
sábado, 24 de noviembre de 2018
EL FIN DE LOS TIEMPOS
Por Ilich F. Cuéllar
La Batalla de Stalingrado es considerada la más sangrienta en la historia de la humanidad.
Se estima que en el choque entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, murieron dos millones de personas, entre civiles y soldados. El combate duró seis meses y fue tan cruento, entre falta de alimentos, sin refugio, el frío, entre las calles de la ciudad, que los alemanes la llamaron Rattenkrieg, "guerra de ratas".
Boca Juniors y River Plate llevan 110 años disputando una Stalingrado por el control de Buenos Aires y Argentina.
Nacidos en el mismo barrio, La Boca, ambos clubes son la máxima expresión del odio deportivo y quizá hasta social. Ninguna otra ciudad en el mundo se divide tanto como estos dos "hermanos" destinados a incordiarse.
El primer capítulo de esta final sorprendió a propios y a extraños con un bello derroche de garra, técnica y goles.
Esa primera batalla estuvo envuelta en todo tipo de circunstancias. Una camioneta con aficionados de Boca, tuvo un accidente y los hinchas murieron camino a Capital Federal para ver el partido; el presidente de Argentina, Mauricio Macri -ex presidente de Boca- había deseado públicamente que no se diera la final; Vladimir Putin anhelaba ir al encuentro, incluso la lluvia retrasó un día el juego. "Ni Dios quiere que se juegue el partido", llegaron a decir algunos.
En una época dominada por la mercadotecnia, por falsos mesías sin sangre en las venas y donde solo lo proveniente de Europa es válido en el planeta futbol, un Boca-River en la final de la Copa Libertadores es la reivindicación del futbol puro: pasión, orgullo, sangre, lodo, patadas, gallardía. Ese tipo de cosas que los exégetas de los medios no comprenden o parecen haber olvidado en el diván.
En tiempos de contención y de lo políticamente correcto, el Superclásico argentino en la final de todos los tiempos es como una droga dura en momentos de desintoxicación, es sexo sin protección, un banquete sin medidas, una borrachera a morir.
Es ser un cable sin aislante, en un circuito impecablemente conectado.
Gane quien gane, ganara el futbol de barrio, el que se sueña en la infancia pateando la pelota deshilachada bajo la lluvia.
Boca-River, River-Boca, no importa el orden. Hoy terminan su Stalingrado de 110 años y comienzan otra, que quizá dure mil vidas más.
miércoles, 13 de junio de 2018
LA FIESTA ETERNA
Por Ilich F. Cuéllar
Era el verano de 1998, previo
al Mundial de Francia 98.
Un pequeño veía la tele, donde
transmitían un collage con los diferentes campeones del mundo, mientras su
madre acumulaba sobre la mesa, carpetas y hojas para revisar. El niño, con toda
su inocencia, le suelta:
-Mamá, ¿qué significa ganar la
Copa de Mundo?
La señora, que no nunca fue una
gran aficionada al futbol, se limitó a decir lo primero que le salía del
corazón:
-Es lo máximo hijo. Es estar en
la cima del mundo. Mira la cara de felicidad de esos hombres. Pero esas
sonrisas implican trabajar mucho.
La pantalla reproducía el
rostro de Lothar Matthäus levantando la Copa FIFA al cielo de Roma.
Eso significa la Copa del Mundo
para muchos. Un recuerdo, un momento, una anécdota, una sonrisa quizá, y
también una lagrima, la amargura. Todas las facetas de una fiesta, una parranda
que no acaba nunca, por más que pensemos que los 4 años de cada ciclo
mundialista son eternos.
¿Quién se puede considerar
libre de pecado y no seccionar su vida al recordar que hacía en cada campeonato
mundial de futbol?
Los padres y los tíos dirán que
México 86 fue inolvidable: Maradona y la Mano de Dios, la tijera de Negrete, la
Chiqutibum. Por supuesto que los más grandes suspirarán al recordar a Pelé,
Cruyff y Beckenbauer en los años 70.
Algunos otros dirán que en 94 y
98, el patio de la primaria y un bote de plástico bastaron para jugar a ser Romario
y Bebeto, Baggio, Stoichkov, Campos, Ronaldo, Batistuta, el Matador, Maldini o
quizá el Pibe Valderrama.
Otros tantos hablarán del
alcance la modernidad con Corea y Japón en el 2002. Las desveladas y las
levantadas de madrugadas para ver ese cabezazo acrobático de Borgetti ante
Italia se conjuntaron con la primera espinilla o le presentación ingrata de la
primera cruda.
Y así se puede seguir
documentando. 2006, la irrupción de Messi y Cristiano más el furor y los
nervios del primero beso; 2010, la crisis y la universidad; 2014, los recibos y
la hecatombe brasileña.
Cada cuatro años somos testigos
de batallas épicas. Los jugadores se enfrentan como si se trataran de la
antigua Grecia, defendiendo el terruño de los persas. Las eliminatorias
son el éxodo por el desierto, el Mundial es la Tierra Prometida, los goles son
la leche y la miel que emanan del suelo.
Claro, en cada historia hay
villanos. Siempre los hay. Como Benito Mussolini cuando amenazó de muerte a la
selección italiana si no ganaban los mundiales del 34 y 38, previo a la época
más oscura de la humanidad. O en aquella ocasión cuando un asesino llamado
Jorge Rafael Videla y su presión absoluta para que Argentina ganara la copa en
casa, en 1978, cuando el país austral vivía la peor carnicería de su historia.
Quien esto escribe se queda con
el gozo, con las sonrisas de la fiesta inagotable, el extasía de cada
anotación.
Ojalá la Copa del Mundo durara
como la respuesta de Florentino Ariza al final de "El amor en los tiempos
del cólera", cuando se le cuestiona cuánto tiempo piensa navegar por el
río Grande de la Magdalena, cuando al final de su existencia se reunió con su
gran amor: Toda la vida.
Hola Rusia 2018.
Es momento de ser felices.
lunes, 14 de mayo de 2018
LA LISTA AMARGA
Por: Staff
En este fútbol mexicano tan sui generis, donde en vez de avanzar, se retrocede; con una Liga de Ascenso donde no se asciende; donde abundan los extranjeros que taponean procesos de jóvenes con talento; donde se privilegia el negocio antes que el nivel deportivo -ni siquiera que vayan parejos y de la mano- y donde no siempre queda campeón el que mejor juega, hoy se entregó la lista preliminar de cara al Mundial 2018.
En Bajo El Signo del Esférico les ofrecemos diversas opiniones sobre quien quedó, quién sobró y que expectativas se pueden tener con los 28 jugadores preliminares. La lista definitiva se dará después del juego contra Escocia, el 2 de junio.
Ilich F. Cuéllar: Con tipos como Osorio, uno nunca sabe
Juan Carlos Osorio, fiel a su costumbre, cayó en sin razones al dejar fuera de la lista de 28 -un exceso- a Rodolfo Pizarro, de Guadalajara, el jugador más en forma de los últimos 4 meses en la Liga MX, y a José Juan Vázquez. El "Gallito" fue dejado de lado por su estatura, pese a su innegable calidad y aportación al Santos finalista. Menos mal que el colombiano nunca se dará una vuelta por La Masía.
Sin embargo, si incluyó a Jürgen Damm (velocidad bruta y un amague de sobra, siempre), Giovani Dos Santos (decepción e inoperancia eterna) y Marco Fabián (un año de lesiones.
Quizá la nota buena sea la inclusión de Rafael Márquez. El "Káiser de Michoacán" no está en plenitud de facultades físicas pero tiene más sentido táctico, quizá más que el entrenador, y su don de mando puede servir en momentos delicados.
El 2 de junio, después del juego contra Escocia en el Azteca, tienen que caer 5 nombres. A los 3 mencionados arriba, creo que se añaden Hugo Ayala y Jesús Molina. Pero con tipos como Osorio, que a un deporte tan fácil como el fútbol lo quieren volver ciencia, uno nunca sabe.
Juan Reyna: Sin sorpresas
La prelista de Juan Carlos Osorio, seleccionador de México para el Mundial 2018, resultó sin mayores sorpresas o novedades, como era de esperarse desde que comenzó su gestión.
Causa desaprobación la no inclusión de futbolistas que viven un buen nivel y momento futbolístico, como Rodolfo Pizarro, Elías Hernández o José Juan Vázquez, por encima de otros considerados en la prelista como Jürgen Damm o Giovani Dos Santos.
Emmanuel Hernández: Es lo que hay
Sí, es cierto. Nombres como los de Jürgen Damm, Jesús Molina, Edson Álvarez o Gio Dos Santos hacen un poco de ruido a la hora de analizar la lista de 28 convocados de Juan Carlos, pero la realidad es que, salvo Rodolfo Pizarro, el DT Colombiano echó mano de “lo que hay” en la baraja de jugadores aztecas para encarar la justa mundialista.
El Tri, a diferencia de selecciones como Alemania, no tiene para darse el lujo de armar una Selección B y golear a un equipo como México. Lo que le debe apurar al cuerpo técnico del tricolor es tener “a punto” a todos sus jugadores para llegar a hacer un digno papel contra los teutones el próximo 17de junio.
La historia de la Selección Mexicana ha sido así por años: los aficionados llegamos al Mundial alimentados por la esperanza del “quinto partido” y si todo falla culpamos al entrenador o a las lesiones por habernos privado del “crack” del momento. En el 86 no estuvo “El Capitán Furia”; en el 94 faltó “El Abuelo” Cruz; en 2002 no estuvo “El Tato” Noriega, y en 2006 LaVolpe no llevó a Cuauhtémoc Blanco.
Ahí está el verdadero problema del seleccionado nacional: durante la etapa de Juan Carlos Osorio no se ha logrado un funcionamiento consistente y que nos convenza de que este 2018 podemos dar el paso que, futbolísticamente, se nos ha negado.
Por eso la perspectiva para este Mundial no es alentadora. Quizá quien realmente sobra en esta prelista para Rusia es Juan Carlos Osorio.
Reynol González: A Pizarro prefiere dejárselo al próximo entrenador
No es de sorprender la lista tan obvia que lanzó este lunes Juan Carlos Osorio. A poco más de 30 días para que arranque el Mundial, las piezas que formarán la Selección Mexicana es una idea planteada desde que el colombiano tomó las riendas.
En un análisis inmediato y conciso, pensó de manera seria en no tomar en cuenta nombres como Néstor Araujo, Diego Reyes y ambos Dos Santos por el tema de sus lesiones; sin embargo, se ve obligado a llevarlos porque lo que les reditúa en la cancha los primeros dos nadie más lo podría hacer. Y de los últimos, ni hablar: pase lo que pase, descartarlos no es opción para él.
Pizarro ni siquiera lo contempló por tener características que ya poseen el mismo Giovani y hasta Vela; piensa que el de Chivas no tiene material para competir con ellos y prefiere dejárselo al seleccionador que ocupe su lugar en poco menos de 3 meses (según sus propias palabras). Hay mucha controversia por las razones que tiene para llevar a unos y a otros no, lo cierto es que Osorio lleva a lo mejor que se tiene, tampoco está totalmente en sus manos.
El tino que sí tuvo fue con el tigre Javier Aquino, jugador ágil, habilidoso por las bandas y rápido en la marca.
Osorio no se metió tampoco en problemas y jerarquizó por completo. Vela, Marco Fabián y Gio pesan en el grupo, y eso habla mucho de lo que irá a hacer a Rusia: no va a tomar riesgos.
Lo de Rafa Márquez se veía venir. El hombre con mayor peso dentro del grupo debía estar dentro de la convocatoria, jugando su último mundial.
No hubo sorpresas gratas, ni indignaciones recias. Hoy Osorio mostró su cara más conservadora y decidió llevar a los que ha estado dirigiendo durante este proceso. Sólo nos queda esperar el Día del Padre para darnos cuenta del destino que tendrá nuestra querida Selección en aquellas lejanas tierras rusas.
miércoles, 4 de abril de 2018
EL ESPÍRITU SANTO
Por Ilich F. Cuéllar
Aún recuerdo la mañana del 11 de junio de 2009 como si hubiera sido ayer.
El Manchester United comunicaba al mundo que había aceptado la oferta del Real Madrid por Cristiano Ronaldo, su jugador emblema, por una cantidad récord: 96 millones de euros, una barbaridad.
Las dudas eran evidentes: un carácter ególatra probablemente no empataría con él ya de por sí volcánico vestidor merengue, al que no le faltaban divas. La apariencia de niño bonito atraería al mercado, pero no estaba convencido si el equipo ganaría títulos con su liderazgo. Vamos, dudaba si podría ejercer siquiera de líder. Confiaba más en Kaka, cuyo futbol sobrio, técnico y de regates elegantes, empataba más con mi gusto.
Pero Cristiano primero fue bautizado en fuego por el Padre Alfredo DiStéfano, de quien recibió su iniciático número 9, y después fue confirmado con furia y garra por el Hijo Raúl Gonzalez, quien le heredó su numero 7, cuando fue echado del equipo, para beneplácito de algunos energúmenos.
Ya tenía el santo y seña de las glorias vikingas.
Su inicio fue lento, quizá errático para lo que se esperaba, siempre comparado con un tal Lionel Messi, que dominaba el mundo con su Barcelona y el tiki taka. Las críticas se le iban a la yugular.
Pero una vez asumido su rol como buque insignia del equipo, el portugués se ha cansado de marcar goles, servirlos, ganar títulos y destrozar muros en la eternidad. Lleva 3 Champions, 2 ligas y otros tantos títulos vestido de blanco. Es el máximo goleador de la institución con 445 tantos y lidera la clasificación realizadora de la Copa de Europa, con 120.
Cuál auténtico Espíritu Santo, le dio un soplo de vida a una institución vieja y alicaída, y la convirtió en el epicentro del universo.
Justo ayer, en uno de los escenarios de más oscuros recuerdos en la historia del madridismo, Turín, casa de la Juventus, Ronaldo se mandó una de esas actuaciones que ya son tan típicas de él en Europa, sentenciando con dos goles, el pase a semifinales de su torneo fetiche, por octavo año consecutivo (a falta de la vuelta).
Esa casa había permanecido maldita para cualquier escuadra blanca, desde que DiStéfano derribó su resistencia en la década de los 60.
Medio mundo habla del segundo gol, una chilena. Tal vez no fue la más plástica, la más estética o la mejor ejecutada. Pero las circunstancias, el escenario y el rival, la potencian al infinito. Es el resultado del trabajo de un tipo que a sus 33 años, cuando el cuerpo comienza a calcificarse, sigue exigiéndose como canterano, con una ambición sin fin. El triunfo de la perseverancia ante el insulto y el vituperio.
Muchos hablan de que Messi lo supera y puede ser. Yo me limito a decir que esta rivalidad los engrandece y hay que estar agradecido por verlos juntos en una lucha de titanes.
Probablemente el reconocimiento le llegue en su vejez, cuando todos recordemos con añoranza juvenil su martillo demoledor para destruir metas rivales, para conquistar el tiempo.
Y todo, gracias al poder que le infunde ser parte de la Santísima Trinidad Madridista.
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