Por Ilich F. Cuéllar
Era el verano de 1998, previo
al Mundial de Francia 98.
Un pequeño veía la tele, donde
transmitían un collage con los diferentes campeones del mundo, mientras su
madre acumulaba sobre la mesa, carpetas y hojas para revisar. El niño, con toda
su inocencia, le suelta:
-Mamá, ¿qué significa ganar la
Copa de Mundo?
La señora, que no nunca fue una
gran aficionada al futbol, se limitó a decir lo primero que le salía del
corazón:
-Es lo máximo hijo. Es estar en
la cima del mundo. Mira la cara de felicidad de esos hombres. Pero esas
sonrisas implican trabajar mucho.
La pantalla reproducía el
rostro de Lothar Matthäus levantando la Copa FIFA al cielo de Roma.
Eso significa la Copa del Mundo
para muchos. Un recuerdo, un momento, una anécdota, una sonrisa quizá, y
también una lagrima, la amargura. Todas las facetas de una fiesta, una parranda
que no acaba nunca, por más que pensemos que los 4 años de cada ciclo
mundialista son eternos.
¿Quién se puede considerar
libre de pecado y no seccionar su vida al recordar que hacía en cada campeonato
mundial de futbol?
Los padres y los tíos dirán que
México 86 fue inolvidable: Maradona y la Mano de Dios, la tijera de Negrete, la
Chiqutibum. Por supuesto que los más grandes suspirarán al recordar a Pelé,
Cruyff y Beckenbauer en los años 70.
Algunos otros dirán que en 94 y
98, el patio de la primaria y un bote de plástico bastaron para jugar a ser Romario
y Bebeto, Baggio, Stoichkov, Campos, Ronaldo, Batistuta, el Matador, Maldini o
quizá el Pibe Valderrama.
Otros tantos hablarán del
alcance la modernidad con Corea y Japón en el 2002. Las desveladas y las
levantadas de madrugadas para ver ese cabezazo acrobático de Borgetti ante
Italia se conjuntaron con la primera espinilla o le presentación ingrata de la
primera cruda.
Y así se puede seguir
documentando. 2006, la irrupción de Messi y Cristiano más el furor y los
nervios del primero beso; 2010, la crisis y la universidad; 2014, los recibos y
la hecatombe brasileña.
Cada cuatro años somos testigos
de batallas épicas. Los jugadores se enfrentan como si se trataran de la
antigua Grecia, defendiendo el terruño de los persas. Las eliminatorias
son el éxodo por el desierto, el Mundial es la Tierra Prometida, los goles son
la leche y la miel que emanan del suelo.
Claro, en cada historia hay
villanos. Siempre los hay. Como Benito Mussolini cuando amenazó de muerte a la
selección italiana si no ganaban los mundiales del 34 y 38, previo a la época
más oscura de la humanidad. O en aquella ocasión cuando un asesino llamado
Jorge Rafael Videla y su presión absoluta para que Argentina ganara la copa en
casa, en 1978, cuando el país austral vivía la peor carnicería de su historia.
Quien esto escribe se queda con
el gozo, con las sonrisas de la fiesta inagotable, el extasía de cada
anotación.
Ojalá la Copa del Mundo durara
como la respuesta de Florentino Ariza al final de "El amor en los tiempos
del cólera", cuando se le cuestiona cuánto tiempo piensa navegar por el
río Grande de la Magdalena, cuando al final de su existencia se reunió con su
gran amor: Toda la vida.
Hola Rusia 2018.
Es momento de ser felices.
Excelente mi estimado Ilich... Cuando mencionaste a Videla, me vino a la mente aquel marcador que ocupaba Argentina para avanzar: 6-0, contra una selección peruana que no era una perita en dulce, pero ¡oh milagro! los argentinos lo consiguieron! Aunque pocos repararon en el extraño rendimiento del cuadro inca y mucho menos le dieron importancia a que el portero Ramón Quiroga era un argentino nacionalizado peruano... ¡Qué tal!
ResponderEliminarExcelente mi estimado Ilich... Cuando mencionaste a Videla, me vino a la mente aquel marcador que ocupaba Argentina para avanzar: 6-0, contra una selección peruana que no era una perita en dulce, pero ¡oh milagro! los argentinos lo consiguieron! Aunque pocos repararon en el extraño rendimiento del cuadro inca y mucho menos le dieron importancia a que el portero Ramón Quiroga era un argentino nacionalizado peruano... ¡Qué tal!
ResponderEliminarHuuuff hermano, te luciste, me hiciste recordar buenísimos tiempos!!!..
ResponderEliminarExcelente publicación.