sábado, 15 de diciembre de 2018

REDENCIÓN, GLORIA O INFIERNO



Por Ilich F. Cuéllar

Dolor y alegría. Los dos factores que más influyen para que cualquier persona recuerde una fecha en específico: un cumpleaños, un aniversario, un logro académico, una hazaña deportiva, una muerte, un rompimiento amoroso... Pese a tener una rivalidad que roza el medio siglo, para Cruz Azul y América hay una fecha imborrable, de esas que se quedan grabadas a fuego en la mente: 26 de mayo de 2013. Ese día, las Águilas le arrebataron a La Máquina un título de una manera inverosímil, le arrancaron el poco corazón que le quedaba y la condenaron a una muerte en vida que solo se podía curar de una manera. Y esa manera, era cobrando venganza en una final de liga, cuya vuelta se disputará mañana después de un espantoso y aburrido juego inicial, en el que el miedo y las precauciones prevalecieron sobre la imaginación y los goles. El miedo a perder es inmenso. Ambos tiene demasiado que perder, porque mientras Cruz Azul no puede permitirse otra derrota contra el odiado rival -la enésima- en una final, América no puede darse el lujo de ser el contrincante que hinque la rodilla ante los azules en un juego definitivo 21 años después. Hay cosas que las modas no pueden explicar, ni mucho menos entender. Los desencuentros entre ambos equipos son innumerables. De todas las rivalidades que existen en el futbol mexicano, esta es la que inició en la cúspide: la final de 1972, cuando Cruz Azul goleó a América 4 a 1 en el mismísimo estadio Azteca, provocando que muchos americanistas se sintieran agraviados de que un inquilino provinciano llegara a arrebatarles su casa y su afición. Cuenta la leyenda, que Ricardo Peláez -quien debutó en América, luego fuera directivo y hoy encabece la planificación deportiva Azul-, presenció los juegos posteriores a esa final, tomándole coraje a los cementeros, proponiéndose ganarles un día un título. Y así hay infinidad de historias. Esa victoria impulsó al once cementero a obtener 5 títulos en la década de los 70 y engendró el llamado Clásico Joven, poniendo también la gasolina para que América obtuviera 4 campeonatos en los 80. Ambos se han recetado décadas enteras de paternidad, goleadas insufribles, traspasos dolorosos, declaraciones hirientes y victorias para recordar. Mucho rencor y mucho orgullo de por medio. Distanciados desde su génesis, porque mientras América es y ha sido un club ligado con las élites, Cruz Azul es un equipo identificado con el cooperativismo y los obreros, con todo lo que eso implica, cada día no hacen más que acrecentar sus diferencias, tanto de color, como actitud e idiosincrasia. Las generaciones venideras hablarán del miedo y el nervio, pero también de la gloria, el júbilo y el alivio que significó haber levantado el puño en una fría tarde de diciembre.

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