viernes, 12 de junio de 2015

SENTIMIENTO Y PASIÓN (JOHNNY)

No aprenden la lección

Juan Reyna


Acostumbrados a romper paradigmas en el mercado mexicano, los Tigres no quisieron pasar desapercibidos y se hicieron de los servicios de las flores más bellas del ejido en el reciente Régimen de Transferencias del futbol mexicano.

Un equipo que está peleando Copa Libertadores y desea más hambres protagónicos no quiere rezagarse y busca renovar su plantilla: para ello vuelve a desenvainar la espada de ‘don dinero’ y se hace de los servicios de dos futbolistas con potencial y proyección en el balompié nacional, Javier Aquino y Jürgen Damm.

Nadie duda de la capacidad de ambos futbolistas, tampoco de las buenas adquisiciones para el conjunto de la UANL, pero lejos de lo que puedan aportar, ¿qué tan benéfico resultará para ellos recalar a las filas de un club como Tigres y un entrenador como Ricardo Ferretti? Repasemos un poco la historia.

Los felinos no son un club formativo, tampoco un cuadro mediático a nivel nacional, lo cual no deja de ser trascendental en el desarrollo los futbolistas mencionados. En el caso de Aquino, quizá acaba de firmar el contrato de su vida, mientras que Damm todavía tendrá que hacer otra escala para cumplir ese sueño de jugar en Europa.

Si a eso le sumamos que Tigres no ha vendido ningún mexicano a Europa en la última década, sus fichajes, desde el punto de vista comercial, podrían resultar contraproducentes.

Otro punto es la poca valoración a sus fuerzas básicas: ¿para qué fichar futbolistas mexicanos jóvenes si tienes una cantera? Quizá no sea reconocida, pero las dos últimas joyas, Alan Pulido y Jonathan Espericueta son prueba de que hay calidad en el equipo, aunque sus casos dicten otra realidad, pues Pulido decidió marcharse por la puerta de atrás, mientras que ‘Esperi’ hasta hace un mes apenas debutó en Primera División.

Correlones incansables de banda ofensiva, Aquino y Damm tratarán darle un juego más vertical a un Tigres en cuyas arcas fracasaron jugadores de un corte similar: Elías Hernández y Darío Burbano son un claro ejemplo de no adaptarse a un sistema como el de Ricardo Ferretti, poco dado a la improvisación y creatividad de los jugadores y más cerca  hacia un guión teatral en el que los futbolistas son condenados a otras funciones o resignarse a un papel secundario.


Nadie pone en tela de duda la calidad de Damm y Aquino, ni tampoco que aportarán algo al club, pero dado al alto costo que significó y los antecedentes de futbolistas similares, y encasillarse a un mismo plan de trabajo del entrenador, tal parece que no se aprendió la lección en San Nicolás.



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