Es por demás sabido, que el fútbol a nivel mundial, pasa por una crisis sin precedentes: corrupción, sobornos, chantajes, lavado de dinero... Pero todo se agravó el 27 de mayo, cuando el FBI, mediante las policía de Suiza, detuvo a 7 dirigentes de la FIFA, organismo dedicado a administrar el balompié a nivel internacional -y que cuenta con 208 países integrantes, más que la ONU- provocando un tsunami que derivó en la renuncia del recién reelecto Joseph Blatter, presidente desde 1998.
Como periodista y aficionado al fútbol, es un deber informar (o intentar mediante recursos) el seguimiento de este lamentable caso. Por eso, la primera entrada de este espacio, es una artículo de los colegas del periódico El País, de España, sobre la compra de votos de Blatter.
La caza de votos de Joseph Blatter
Ladislao J. Moniño
"¿Qué necesitan?” La pregunta, tan directa como básica y dirigida a presidentes de federaciones centroamericanas, africanas o de Europa del Este, la realizaba un emisario de Joseph Blatter días antes de que el presidente de la FIFA aterrizara en los países en los que pretendía ganar votos para su primera reelección, en 2002. Por entonces, Blatter ya había tenido que afrontar sus dos primeras crisis y sentía que su cargo podía peligrar.
La quiebra de ISL, la empresa que centralizaba la venta de los derechos de televisión de la Copa del Mundo, y el informe de su propio secretario general, Michel Zen Ruffinen, denunciando por primera vez la corrupción interna, debilitaban la candidatura del dirigente suizo. La respuesta de los directivos ante la pregunta era clave en el engranaje del sistema de captación de votos, articulado a través del programa Goal para el desarrollo del fútbol en el mundo. Esta herramienta fue puesta en marcha en 1999 por Blatter y, desde entonces, la FIFA ha distribuido más de 200 millones de euros entre sus 209 asociaciones que no siempre han sido bien empleados, como demuestran las denuncias por malversación existentes desde su puesta en marcha.
La idea, en origen, era expandir el fútbol por todo el mundo ayudando económicamente a los países menos desarrollados para dotarlos de infraestructuras e incrementar sus niveles de juego con programas de formación y tecnificación. “Normalmente, pedían oficinas para sus sedes, campos de hierba artificial, instalaciones, ordenadores...”, relata <a EL PAÍS un antiguo trabajador de la FIFA, que ha pedido preservar el anonimato. “Cuando Blatter llegaba, ya sabía cuáles eran las necesidades de cada federación y cómo respiraban sus presidentes, si estaban contentos o si estaban enfadados”, relata el hombre que ejercía esas labores de zapa que alimentan el cuestionado e investigado sistema FIFA.
Honduras, Guatemala, El Salvador, Panamá, Gabón. Namibia o Eslovenia, donde fueron reunidas nueve federaciones de la Europa del Este.. Los encuentros con Blatter se producían en los hoteles más lujosos. “Yo, generalmente, no asistía a las cenas en las que Blatter escuchaba las peticiones. Cuando llegaba, me marchaba al siguiente país que iba a visitar para prepararle el terreno”. La presencia del presidente de la FIFA muchas veces era aprovechada por los dirigentes federativos para hacer ver a sus gobernantes su peso en el mundo del fútbol.
"Para hacer campaña"
El proyecto Goal ha estado bajo sospecha desde su puesta en marcha. El informe de Zen Ruffinen, que le costó su puesto como secretario general después de leerlo ante el Comité Ejecutivo de la FIFA, recogía varios casos flagrantes. En la página 12 del escrito se puede leer: “Un millón de dólares gastados en la Concacaf [Federación de América Central y el Caribe].
La suma fue contabilizada en la cuenta Goal, según las instrucciones del presidente, aunque los desembolsos no se efectuaron conforme al procedimiento de aprobación previsto por el proyecto”. “El presidente ha usado y abusado del proyecto Goal para sus intereses personales y se ha servido de él como un medio a utilizar en provecho de diferentes consejeros y para hacer campaña”, leyó Ruffinen ante el Comité Ejecutivo de la FIFA. Después detalló que las visitas previas a diversos países para el programa Goal habían sido sido utilizadas a fin de hacer campaña para la reelección de Blatter.
La suma fue contabilizada en la cuenta Goal, según las instrucciones del presidente, aunque los desembolsos no se efectuaron conforme al procedimiento de aprobación previsto por el proyecto”. “El presidente ha usado y abusado del proyecto Goal para sus intereses personales y se ha servido de él como un medio a utilizar en provecho de diferentes consejeros y para hacer campaña”, leyó Ruffinen ante el Comité Ejecutivo de la FIFA. Después detalló que las visitas previas a diversos países para el programa Goal habían sido sido utilizadas a fin de hacer campaña para la reelección de Blatter.
Ruffinen denunció que el orden de prioridades en las visitas de Blatter, basado sobre el análisis de las necesidades de los países, fue modificado por el presidente y convertido para satisfacer su calendario de desplazamientos y así permitirle anunciar a cada país visitado que había sido seleccionado para el programa Goal. “El sistema funcionaba así”, concluye el exempleado de la FIFA.

No hay comentarios:
Publicar un comentario