sábado, 28 de mayo de 2016

MINUTO 93: LA DISCORDIA ETERNA



Por Ilich Cuéllar

En el mundo del fútbol hay equipos que nacen con marcas. Desde su génesis, el Atlético de Madrid ha mostrado los azotes que el destino le deparó: sería un equipo acostumbrado al dolor.

Los aficionados del “Aleti” se han acostumbrado al sufrimiento, y en base a este, han producido un amor intenso. Ese amor los ha hecho soportar de todo, ausencia de ligas, descensos, la partida de los ídolos y sobre todo, tener que convivir con el Real Madrid.

Mientras el conjunto colchonero (Atlético, apodado así por la similitud de su uniforme con los colchones de los hospicios de la monarquía) hacía malabares por conquistar el sur de la capital española, el elenco merengue (el Madrid, por su uniforme albo) se decidió a conquistar el universo.

El Madrid tuvo todo lo que su vecino del río Manzanares no. Siempre hubo recursos, tenían a las mejores estrellas del planeta, los títulos llegaban a raudales, en especial, diez Copas de Europa. El equipo de la burguesía madrileña cimentó su leyenda a base de conquistar el Viejo Mundo. No existe alma en el mundo que no conozca el mito de las Cinco Copas consecutivas de la mano de DiStéfano, Gento y el presidente Don Santiago Bernabéu. Ni la Sexta de los Ye-Yés, la Séptima con el gol de Mijatovic, la Octava ante el Valencia, la Novena con la volea de Zidane o la Décima de Sergio Ramos.

La Décima. Es precisamente esta palabra la que causa más dolor y trastornos en las huestes rojiblancas. A través de su historia post centenaria, ninguno seguidor del Atlético había recibido semejante golpe. 

La fecha: 24 de mayo de 2014. El escenario: Estadio Da Luz, en Lisboa. Por primera vez dos equipos de una misma ciudad dirimían el gallardete de la Champions League. Más de cien años de rivalidad llegaban a su punto cumbre. Los once guerreros comandados por Diego Simeone, el técnico perfecto para la causa colchonera, habían ganado la liga española de ese año. Llegaban al partido definitorio  a base garra y sudor. Eliminaron al Milán y al Chelsea, entre otros. Un gol de Diego Godín, a pelota parada había adelantado al equipo del Vicente Calderón.  Tal  vez porque como ninguna otra escuadra del orbe tiene sus orígenes tan ligados a la aviación (Su primer nombre fue Atletico Aviación), pero ese habría sido el marco perfecto para la Primera del Atleti.

Pero llegó el fatídico minuto 93. El croata Luka Modric lanzó un corner. Sergio Ramos, un madridista de pura cepa blanca, se levantó empujado por toda la historia y la afición merengue, anotando el gol del empate, con lo que la prorroga se convirtió un festival blanco. 

4-1. Al Atletico le arrancaban el corazón sin anestesia previa. Igual que en 1974, en su primera final de Europa, el Bayern Múnich mandaba aun partido del desempate, justo en el último minuto. El dolor se repetía.

Cualquier otro equipo hubiera ido a dar directo a la fosa común. Pero contrario a otras veces, el Atletico superó la depresión y dos años después ha vuelto a la final. Una vez más contra su máximo némesis, el Real. En vez de Lisboa, la arena será el San Siro de Milán, la Opera del Futbol, que ya se preparó para vivir el drama, cual obra de Verdi. Tal vez, en mejor forma que los odiados habitantes del Paseo de la Castellana.

Hay  quienes apelan al romanticismo para justificar un triunfo de los colchoneros, “El futbol le debe una”. En el futbol no hay justicia poética. Hay oportunidades. Para los de Simeone será quizá la única oportunidad de resarcir la afrenta. Para el Madrid sería la Undécima, su confirmación como el equipo más grande de la historia y del cosmos. Solo el Madrid puede aliviar el peor dolor del Atlético. Solo el Atlético puede provocar que el Madrid acreciente su mito.

miércoles, 18 de mayo de 2016

LA GIRALDA OBSERVA ORGULLOSA

Cuentan las lenguas antiguas 
que un 14 de octubre nació una ilusión 
su madre fue Sevilla, y le prestó su nombre 
y para defenderlo le dio a una afición…
                             Himno del Sevilla Fútbol Club



Por Ilich Cuéllar

Existen competiciones que forman una perfecta comunión con ciertos equipos y viceversa: Real Madrid y la Champions League, Boca Júniors y la Libertadores. Algo similar le sucede al Sevilla con la Europa League.

El conjunto andaluz ha forjado un legado en este torneo los últimos diez años, digno de las más grandes dinastías vistas en la historia del futbol. Sus cinco Copas de la UEFA –nombre del trofeo de la UEL- entre 2006 y 2016, así lo demuestra. Si a esto se le agrega que su presupuesto está lejos de los grandes despilfarros, la gesta se engrandece.

La cita del bicampeón vigente era con el mítico Liverpool, el equipo más copero y tradicional de Inglaterra, con una de las aficiones más calientes del planeta y un técnico –Jurgen Klopp- que llegó a media temporada a transfundir sangre y alma a un equipo moribundo. El escenario era el St. Jakob Park de Basilea, en Suiza. El campo había sido tomado por los hinchas Reds desde temprana hora, entonando el célebre “You’ll never walk alone” y convirtiendo el inmueble basiliense, en una sucursal de Anfield Road.

De esta manera, Liverpool inició el partido como tromba, dando señales de un posible atropellamiento sevillano. El acoso fue asfixiante, hasta que Sturridge adelantó a los británicos con un gol de tres dedos, dejando la numero 5 lejos del alcance del meta Soria. Solo una chilena fallida de Gameiro pudo dar aire al elenco blanquirojo.

Pero el Sevilla en Europa League nunca debe darse por muerto. Es su campo de batalla preferido y por eso regresó del descanso decidido a poner las cosas en orden. Kevin Gameiro, defenestrado por la selección de Francia, empujo un balón servido por Mariano apenas a los 20 segundos de la segunda mitad. Didier Deschamps, técnico galo, se lo pierde.

Coke, capitán nervionense, sentenció en dos latigazos el 1-3 definitivo para consumar la Quinta para los jugadores dirigidos por Unai Emery. Ni siquiera los aficionados liverpulianos pudieron salvar a su equipo con sus cánticos, en un intento por emular aquella final de Champions de Estambul en 2005.

La solera del Sevilla permite creer que todo es posible mientras ruede el balón. Los goles de Puerta y Palop, el rescate de Mbia, los penales de Rakitic, la exhibición de Baca y la remontada de hoy, permitieron conquistar Eindhoven, Glasgow, Turín, Varsovia y Basilea, cuál ejército en permanente campaña victoriosa. 

El tricampeonato europeo -2014, 2015, 2016- coloca a los sevillistas a la altura del Madrid, Ajax y Bayern Múnich, como únicos en ejercer dominio continental por 3 o más años.

La Giralda –campanario de la catedral de Sevilla- observa orgullosa, cómo su equipo se ha hecho grande, conquistando Europa con bravía y honor.




EL ENÉSIMO RECHAZO

Nunca mas

Ilich Cuéllar



Nuestros padres y toda la sociedad, nos cuentan desde pequeños que el ciclo de la vida es el siguiente: Naces, creces, te reproduces y mueres.


Sin embargo, para un verdadero amante al futbol, podría ser el siguiente: Naces, tu padre (o madre o ambos) te bautizan con los colores de un equipo, comienzas a patear un balón, apoyas a tu escuadra, juegas en la cuadra, sueñas con jugar en la Selección y llegar al Mundial.

Hay quienes nacimos con dos espátulas en lugar de pies para practicar el balompié. Por otro lado existen quienes nacieron con dos extremidades bendecidas para tratar con cariño a una pelota y derrochan magia donde quiera que se paren, sin importar si patean un esférico o un bote de jugo. Estos privilegiados tienen la verdadera posibilidad de cumplir el ciclo de vida de un pambolero, a diferencia de quienes nos vamos por otros caminos y los admiramos por televisión.

A la clase privilegiada, pertenecen Giovani Dos Santos y Carlos Vela. Ambos deslumbraron al mundo en la Copa del Mundo Sub 17, celebrada en Perú en 2005, donde guiaron a México al título. México, ávido de glorias sobre el césped depositaba en estos dos chicos todas sus esperanzas para conquistar un Mundial de mayores. 

Gio, hijo de futbolista, nacido en la Ciudad de México, criado en Monterrey, reclutado, cultivado y cosechado por la cantera del Barcelona, presagiaba ser el “10” que la Selección Nacional siempre soñó. Desborde, gambeta, velocidad, visión de campo, asistencia y gol, aderezado con el encanto que solo tienen los zurdos y su toque sutil.

Carlos, caribeño originario de Cancún y detectado por la mejor cantera del país, la del Guadalajara, emigró muy joven a Europa, al Arsenal de Arsene Wenger, un genio en el desarrollo de talento juvenil. Técnica depurada, ubicación, capacidad para maniobrar fuera del área y mucho olfato de gol, hacían creer que “El Tri” por fin tenía al “9” que lo llevaría a la cima.

Prodigiosos, sus habilidades se combinaban a la perfección.

Pero algo se torció, y de fea manera.

Comenzó para ambos un peregrinar por una infinidad de equipos y países que solo demostraban irregularidad e inconsistencia. Dos Santos, al poco de haber debutado en el primer equipo del Barcelona, fue transferido al Tottenham de Inglaterra, de ahí a segundas divisiones y equipos chicos de España, Turquía y la propia Isla del Futbol. Vela, ignorado en Londres, se fue a España a vagar por la categoría de plata y conjuntos de poca monta en la máxima división de la Madre Patria.
De alguna manera se las arreglaron para ser llamados a la Selección y jugar el Mundial de Sudáfrica, en 2010, donde pasaron con más pena que gloria. Convocatoria a convocatoria, partido a partido, mostraban un desdén por la camiseta verde y una grisura que no correspondía con el nivel que se les llegó a adjudicar desde pequeños.

Parrandas, ríos de alcohol, romances con miembros de la farándula, actitudes arrogantes, desubicaciones, falta de tacto con los aficionados, ausencia de rigor deportivo ocasionaron que los dos disminuyeran su nivel, aun cuando se les seguía considerando para el representativo nacional. 
El colmo llegó, cuando en septiembre de 2010, después de un juego amistoso contra Paraguay en Monterrey, se montó una juerga descomunal en un hotel conocido de la ciudad. Carlos Vela fue suspendido 6 meses de toda convocatoria aun combinado mexicano, junto a Efraín Juárez. “El Bombardero” inició una etapa de rechazo hacia la Selección, a pesar de los constantes llamados del entonces entrenador, José Manuel de la Torre. Aducía que quería alcanzar un nivel óptimo con su equipo, la Real Sociedad, de España. Pronto, se pudo ver que más allá de diferencias con el técnico en turno, Vela no tenía interés en jugar con su país e ir al campeonato mundial de Brasil, a realizarse en 2014. Muchos, incluso, llegaron a llamarlo arrogante. Finalmente volvió a una convocatoria a finales de 2014, ya con Miguel Herrera en el banquillo, habiendo pasado la Copa del Mundo. Cuatro años en los que privó con su calidad al representativo azteca.

Giovani, en cambio, siguió siendo llamado, a pesar de su nula actividad en clubes e inexistente aportación en partidos internacionales. Comenzaron a darse señales de divismo. Solo a cuenta gotas regalaba su calidad, como en aquel gol que sellaba el triunfo en la Copa Oro de 2011, ante Estados Unidos. Fue tanta su falta de ambición -deportiva- que en vez de continuar progresando en el Villarreal ibérico, prefirió la comodidad y glamour californiano de Los Ángeles, para enrolarse con el Galaxy, de la MLS estadounidense, claramente inferior en nivel en relación a Europa.

El 17 de mayo de 2016, el –ya no tan nuevo- entrenador de México, Juan Carlos Osorio, anunció la lista de jugadores convocados para la Copa América Centenario, a realizarse en junio próximo. La enésima ausencia de Gio y Vela llamó la atención. Osorio aclaró que había acordado con ambos elementos su no convocatoria debido a “falta de nivel”. Dos Santos en Twitter agradeció “la invitación” pero aseguró que no podía formar parte de la Selección en este momento. Vela ni sus luces.  

“Gracias, pero no, gracias”, dirían en el rancho. ¿Dónde quedó el anhelo por ser jugador del Tri? ¿Uno puede decidir cuándo si y cuando ir al equipo nacional cuando y como se le dé la gana? Las otrora esperanzas la escuadra verde no han hecho más que malgastar su tiempo y el de los aficionados con sus actuaciones poco profesionales y bajas de nivel. Nunca más deberían ser convocados. Creen que se les debe rogar por su campeonato de hace 11 años. Para jugar en la Selección se necesitan algunas cosas más que habilidades.

Un tal Javier Hernández, sin tanta técnica y aptitud para jugar, pero con mucha más sangre, orgullo, corazón y HUMILDAD, está a punto de ser el máximo goleador histórico de la escuadra tricolor. Es el jugador más querido de  Alemania, triunfó en el Manchester United y Real Madrid. Él ha cumplido el ciclo  de vida del que se habló al inicio de este texto. A pesar de que fue bajado del avión que llevó a Vela y Giovani a hacer historia a Perú, en 2005.