Por Ilich Cuéllar
Hubo una época en la que los veranos estaban reservados
al sopor y al aburrimiento. Quizá algún viaje familiar, una que otra travesura,
la cascarita de rigor, podían sacarte de la monotonía que a veces provocan las
vacaciones.
Impensable ver un partido de fútbol en la televisión. El
verano era un espacio reservado para el sagrado Mundial, el cual solo ocurría cada
4 años. A veces la monotonía la rompían la Eurocopa o la Copa América, pero no
había más. Ronaldo -el gordito- o Zidane, a pesar de ser súper héroes,
necesitan descansar de sus interminables gestas en el empastado.
Sin embargo este 2016 sucede algo especial. Ignoro si las
estrellas se alinearon pero este año, los amantes del balompié tenemos la
fortuna de disfrutar durante junio y julio, Euro y Copa América al mismo tiempo. Fútbol para almorzar, para comer, para la merienda y para la cena. Fútbol de
selecciones, fútbol para hablar, platicar, discutir, debatir y escribir. Para
lo que usted guste y desee. Todo al alcance de un botón.
El fútbol de clubes es el que nos alimenta día a día,
semana a semana, durante meses. Pero las competencias de selecciones son
distintas. A la espectacularidad, estrategia y magia habituales, se le añade el
sentimiento de vestir los colores patrios. La gasolina de la motivación que
solo hace combustión cuando se representa al país de origen.
Tan dispares en sus orígenes, como en su regularidad y
organización, a ambas competencias las unen sus diferencias:
La Copa América, creada en 1916 para conmemorar el
centenario de la independencia de Argentina, ha tenido una historia dispar. Ha
sido anual, cada dos años, cada trienio, hasta cuatro a partir de 2011. Sus
nombres han variado infinidad de veces, hasta que la CONMEBOL decidió poner
orden y formato en 1987. Estadios vetustos, aficiones apasionadas y caóticas,
juego lento, ríspido, participantes intermitentes, pero con magia desparramada en 100 años de
combates. Uruguay ha sido quien más ha levantado el trofeo de campeón, con 15
títulos.
La Euro, que inició su historia en 1960, ha sido un vivo
reflejo del Viejo Mundo. Sirvió para coser las heridas que dejó la Segunda
Guerra Mundial. Siempre cada 4 años, varió de un sistema de eliminatorias a una
sede fija con más participantes cada que las necesidades comerciales de la UEFA así lo
exigieron. Estadios modernos, aficiones intensas que en ocasiones llegan a las
grescas, partidos tácticos, rápidos y ordenados. Alemania y España son las
selecciones más gloriosas, con 3 victorias cada una.
Una cosa es cierta: por la historia de ambos torneos, han
desfilado los mejores jugadores en la historia del deporte. De Beckenbauer,
Zidane, y Cruyff, a Pelé, Maradona y Francescoli, el balón ha sido el pincel
con el que estos nombres han realizado sus obras de arte en el lienzo verde.
Cristiano Ronaldo y Messi son los artistas modernos encargados de acrecentar
ambas leyendas continentales.
Con la meta bien fija en Nueva York y París, escenarios
de las finales, los combinados nacionales se dejarán la piel. Los afortunados
somos los aficionados. No queda más que aprovechar la oportunidad de cruzar el
Atlántico en ambos sentidos varias veces al día y romper la rutina del verano
Quizá sea la única oportunidad de la que dispongamos en
esta vida.

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