Por Ilich F. Cuéllar
Si, no hay forma de ser optimista de cara al Hexagonal final de la CONCACAF, en el camino a Rusia 2018. Un entrenador que no termina de entender que no es lo mismo preparar un club que una selección, jugadores que siguen siendo convocados sin tener méritos desde hace años, directivos preocupados solo por la caja registradora. Todos los ingredientes están listos para el cóctel fatal.
Bostezos y caras largas, eso es lo que ha entregado el equipo nacional este 2016. Y eso fue lo que volvió a recetar a los aficionados la noche del martes en el juego contra Honduras. Siguiendo la premisa de todo el proceso de Juan Carlos Osorio, el último juego de la fase de grupos de la eliminatoria, México volvió a rotar jugadores, ya sea por lesiones o por caprichos del entrenador, que no se entienden.
Calcado de la primera mitad del juego contra El Salvador, el 2 de septiembre, el primer tiempo del Tri fue infame, soporífero, para apagar la televisión. Jugadores que no se entienden, sin trabajo y poco exigidos, solo pueden arrojar una forma de juego: el pelotazo. Pelotazos y pelotazos ante una defensa catracha bien parada con tres centrales y dos carrileros. Con poco, los centroamericanos fueron más incisivos en ciertos lapsos del partido. Del cuadro local no hubo nadie que pusiera imaginación y criterio a la hora de manejar la pelota, mucho menos para rematar las escasas oportunidades de gol. Las fallas de Lozano (otra) y Moreno fueron imperdonables.
Si, México califica líder de grupo ¿cuál es el problema? No hay ida de juego ¿cómo se soluciona? Trabajando ¿se trabaja? No.
Puede ser que los mexicanos entraran al choque con la confianza de saber ser ya calificados a la fase final. El problema es la falta de visión, puesto que el rival necesitaba no perder, más un resultado favorecedor de parte de Canadá. Si los verdes se aplicaban, podían dejar fuera a Honduras, que siempre les da dolores de cabeza en San Pedro Sula, quizá la plaza más caliente de toda la eliminatoria.
La terquedad de Juan Carlos Osorio en no tener un cuadro base ya raya en lo irreal. Todo equipo necesita tener una estructura que le de cereza y confianza, para saber a qué jugar. Si casi un año de gestión del entrenador, todavía no se sabe quién es el portero titular, la cosa viene mal parida.
Sigue sin haber un partido redondo de este equipo. Los jugadores no sienten amenazado su puesto. Tan es así, que tipos como Guardado, Herrera, Reyes y Hernández (por mencionar algunos), son elementos que vienen arrastrando la cobija desde el ciclo fallido de José Manuel de la Torre. Este equipo se parece cada día más a aquel, abigarrado, sin corazón ni dirección. La deriva se percibe.
¿Qué esperar del Hexagonal? Es muy difícil predecirlo, pero si vemos que el primer juego es contra Estados Unidos en Columbus, tierra maldita para el Tri, el 11 de noviembre y cuatro días después visita a Panamá, némesis de la pasada eliminatoria, el camino a Rusia se volverá un calvario, similar al de Brasil.
Hay una idea o sentimiento que rondaba la mente de los aficionados: no ir al mundial de 2014 podría haber provocado un terremoto en el seno del fútbol nacional, algo que causara su resurgimiento. El escenario está preparado para que la situación se repita.
Está en los jugadores, "europeos" y locales, y entrenador hallar el camino: encontrar una idea de juego convincente que aclare el panorama, en el que volver a hacer del Azteca una fortaleza es fundamental.
CONCACAF es un infierno, especialmente Centroamérica. Si no espabilan, ni prendiéndoles veladoras se salvarán de la quema.
